Lo perpetuo de la literatura es que sus temáticas son siempre validas con el pasar del tiempo, lo perpetuo del hombre es que siempre (sea cual sea su «hoy») tendrá finales trágicos, que le demuestren una vez más que está condenado a la miseria, a la debilidad espiritual, pero que a pesar de lo negativo que se lea esto, romperá siempre con los esquemas de lo correcto tratando de alcanzar eso que lo haga plenamente feliz. El tema universal que destacaré en este ensayo será el fracaso, el infortunio del hombre en su búsqueda por la felicidad.
Desde mi punto de vista, hablando del infortunio del hombre, lo más apropiado seria partir con La vida es sueño en donde se nos muestra como existe un Segismundo que a duras penas tiene un concepto de la realidad, esto nos indica como el ser humano nace en una vorágine de incertidumbre de identidad, y evoca un cuestionamiento a la predestinación del dios supremo en su primer monologo “ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo que delito he cometido”, el mortal entiende que su propósito es el de entretener a los dioses con sus desgracias, se sitúa al hombre como un niño que persigue ese juguete que desea para ser feliz, sufre por tenerlo, pero al poseerlo se da cuenta que no era nada; Edipo por otro lado, nos muestra con su tragedia como las divinidades predestinan nuestro final, sin embargo Edipo acepta su destino como tal “que mi destino siga su curso, vaya donde vaya” esta postura antagónica de estos dos personajes nos ayudaran a desarrollar el verdadero estado del hombre y como esto define su final.
Segismundo y Edipo son dos peones, en extremos opuestos de una misma línea de un tablero de ajedrez, un terreno en donde los dioses juegan para transformar a un simple peón en una pieza de más valor, sin embargo, el mortal es débil y sucumbe ante sus placeres y banalidades, ahora bien, ¿es el ser humano un hombre que lucha contra su destino para construir su propia realidad como Segismundo? ¿O es una pieza que acepta su rol y un predestinamiento como el de Edipo ante la tragedia y la miseria?, no hay duda que el hombre puede ser ambos, las entidades supremas acrecientan sus deseos carnales para motivarlos a un fin, conseguir este fin a toda costa, ¿por qué? Porque el ser humano desde su nacimiento nace en el lodo, por así decirlo, como Segismundo nace a unas cadenas que le indican que su realidad es esta y que no puede hacer nada por cambiarla, pero este se rebela, quiere algo mejor para sí, sin embargo cuando lo posee muestra no tener la actitud correcta y se corrompe, Edipo por lo tanto siempre está a merced de la decisión de los oráculos, mostrando la dependencia que tiene el hombre por lo espiritual, una fe que muchas veces es falsa y no es más que un espejismo de esperanza, esto indica que el hombre está alimentado desde su origen con la idea de que puede cambiar el hilo del destino y lograr su ideal de felicidad. Al final ambas obras nos muestran con su final como los mortales obtenemos perspicacia y aprendemos, sin embargo, el designio de los dioses siempre va un paso adelante y nos empujan siempre por la borda al atrapar lo soñado, ¿Qué pasa cuando logra el hombre obtener lo que supuestamente quiere? ¿realmente lo aprecia y lo llena?
Macbeth entra en escena y nos muestra como el hombre es capaz de deformarse y acabar más miserable de lo que ya ha nacido. Ya hemos visto el origen inusual del hombre, de todos los seres de la creación es el único “que no tiene donde reclinar su cabeza” (Mateo 8:20), Macbeth, por una sorpresiva aparición de los dioses o el destino encarnado, pretende luchar y cambiar las cartas a su favor, pero como bien dijimos antes, los dioses van un paso adelante y esta vez tocan el espíritu del ser humano, hiriendo el honor de éste y sembrando en su mente una necesidad por complacer a la sociedad, esta decisión lo destruye al mismo tiempo; el ser humano al fin logra cambiar su destino o aceptarlo, pero Shakespeare nos muestra como ahora se tiene un nuevo enemigo el cual es uno mismo. Se forma una confrontación interna en el hombre, con Hamlet podemos notar igual como este tiene conflictos al decidir entre lo que debe de hacer y lo que quiere, es decir que ahora la moral pone en tela de duda si la felicidad del ser humano, es decir, si esto que anhela es realmente permitido, al entender el universo que el hombre es capaz de luchar contra lo que sea por alcanzar sus deseos y sueños, opta por ponerle un contrincante que sea capaz de evolucionar en torno a él, algo que no tienen los dioses, al ser “perfectos” no hay proceso de perfección, suena paradójico pero nos demuestra que el ser humano es capaz de superarse a sí mismo, por eso nuestro peor enemigo somos nosotros. Macbeth tiene esta misma dualidad entre el querer y el deber, incluso encontramos en Lady Macbeth ese otro yo, que incrementa el conflicto entre carne y espíritu, apostando por los valores morales como únicos medios para dominar al hombre.
Hamlet resulta ser un personaje un poco más prodigioso, ya que logra identificar esto y lo demuestra en su soliloquio del Ser o no ser porque insinúa un avistamiento de la mala jugada del destino, el cual supone siempre un final ruin, pero esto también implica que hay dos caminos en la vida del hombre, uno de efímeros goces que hacen placentera la estadía aquí en la tierra y otra senda donde igual será amedrentado por pruebas y la muerte será su descanso, ahora para no hacer trillado este tema podemos notar que es totalmente diferente a la opinión común del significado de este icónico discurso, ya que podemos analizar como esto vuelve a llevarnos a nuestro punto de partida con Segismundo, porque la muerte es como un dormir, hay dos mundos (alternos) en donde los cambios que se producen repercuten y alteran nuestro destino, sin embargo es tan arduo el trabajo que la muerte es un anhelo para el descanso, por otro lado el soñar (o morir) nos hace pensar en la vida, cosa que nos provoca ir en círculos, una locura natural que desarrolla el hombre, ahí se centra el infortunio del hombre. Finiquitando con el monologo de Hamlet, lo que nos lleva a soportar esta vida de infortunio es la conciencia de algo después de la muerte, un eterno descanso o una recompensa, aunque eso sería idealizar el sufrimiento del hombre, pero también podemos señalar que ante lo desconocido somos unos cobardes y ese mismo pensamiento nos mueve a la inacción, por eso Hamlet termina con que, en lugar del pensamiento se tiene que proceder a la acción, vengar a su padre sin importar el resultado, ya que al sostener la calavera en sus manos también entiende que la muerte no implica un fin, si no un proceso más de la vida, una fase a la cual no se puede llegar solo pensando sino actuando. Hamlet es un hombre de acción sabe que el triunfo del hombre no será esa felicidad que tanto sueña.
Emma “Madame” Bovary surge para romper e imponerse ante ese nuevo reto que ha sido puesto ante el ser humano, para alcanzar la felicidad, la moral. Sin embargo, cabe de destacar que para poder desarrollarnos con la cosmovisión de este personaje es preciso mencionar como Molière se antecede en sus obras este tipo de postura, porque en sus obras nos muestra sentido de libertad y la diferencia de pensamiento que tiene en su tiempo, como resultado sus creaciones nos muestran la burla mutua que ahora tiene el ser humano con sigo mismo, ya no solo es un entretenimiento del ser supremo, sino también de él. Emma encarna esta alteración del sentido de la realidad, así como hemos podido percibir en las Preciosas Ridículas, esto nos ubica en una percepción de la realidad distinta, un rumbo alterno que toma la humanidad para alcanzar sus objetivos, este síndrome de personalidad al cual denominamos “bovarismo” nos muestra como Emma representa y defiende de modo ejemplar un lado de lo humano que poseemos, esa lucha contra la moral, la religión, la sociedad misma al querer imponerse en medio de una comunidad machista. Madame Bovary en su excesiva lucha por alcanzar aquello de lo que siempre careció presenta una pérdida de identidad del yo, es decir en este plano el hombre comienza a querer transformar no solo su realidad sino su entorno, ya no quiere ser una pieza más en el tablero del destino al cual puedan ocupar y mover a voluntad los dioses, sino que rompe con ese esquema, en este punto de lo trágico del hombre no hay honor ni honra, se muestra como un anti – héroe que va en contra de las ideologías predominantes de sus semejantes que lo limitan, sin embargo esto suele ser contraproducente, ahora el ser humano con esta inestabilidad en su personalidad se empieza a sentir vacío, Emma al verse rodeada de toda esa elegancia del momento piensa que eso es lo que necesita para llenarse, pero en lugar de eso se muestra como una persona que no sabe lo que quiere, esta fase nos muestra como el hombre juega un rol que quiere sostener a como dé lugar, independientemente de su naturaleza, ya no se conforma con que un dios supremo le diga cómo vivir o se burle de su miseria, ya no importa si la vida es un sueño o si debe o no hacer algo por el miedo al qué dirán, ahora Emma Bovary nos muestra que el mortal rompe las cadenas de lo supuestamente correcto para alcanzar ese deseo interminable de ser feliz.
En conclusión, podemos notar un considerable cambio y evolución en el proceso de sufrimiento y redención del hombre, hablamos de redención porque a pesar de que la tragedia de la muerte persigue al hombre a lo largo de su viaje éste realmente no se afrenta como (al inicio) de la muerte, si no que la toma y la acepta como una amiga a la cual no hay que temer, y es propio terminar con el parlamento de Segismundo “Yo sueño que estoy aquí, de estas prisiones cargado” admitiendo que nace oprimido pero al mismo tiempo señala que la solución es sencilla “el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”, así como Hamlet, Macbeth y ahora Emma les toca la tragedia de la muerte, no es precisamente la muerte un descanso, descenso o una despedida, si no un retorno al origen del propósito del hombre en este universo gris, que renacerá nuevamente en un nuevo tablero para iniciar una nueva partida en el entretenimiento de sus creadores, sin embargo esto no es del todo malo para el ser humano porque “¿Y si la vida es un sueño y la muerte nos despierta? Puede ser que no estemos conforme con lo que hayamos realizado en esta vida, el circulo de miseria, lucha y búsqueda que tiene el hombre volverá a dar inicio.